Testimonio Anasan

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Diag. hematológico:
Mieloma Múltiple, no secretor, estadío III
Diag. traumatológico:
Patología de acetábulo izquierdo con protusión intrapelvica de la cabeza del fémur.
Transplante alogénico – Donante Hermano – Remisión Completa – Edad diagnostico: 31 años
Hospital Universitario Austral – Argentina
A mediados de mayo del 2003 me empezó a doler la pierna a la altura de la ingle izquierda. En esa época estaba yendo casi todos días al gimnasio y pensé que podía ser que estaba haciendo algún mal movimiento o que me estaba exigiendo demasiado con la actividad física. Disminuí la frecuencia de los ejercicios pero el dolor no se me iba por lo que decidí ir a ver a un traumatólogo. Me mandaron a hacer kinesiología y estuve yendo 2 o 3 meses sin que se modificara el dolor. Ellos me decían que era tendinitis, y ya me costaba hacer algunos movimientos como atarme las zapatillas o entrar en la bañadera pero con las sesiones de kinesio no había habido ninguna mejora.
En agosto de ese año, aunque la pierna me seguía molestando, me fui de vacaciones a Salta y Jujuy y hablando con una persona me recomendó hacer acupuntura. Obviamente a mi regreso lo primero que hice fue probar con eso, pero tampoco obtuve ningún resultado.
Finalmente un compañero de trabajo me recomendó a su traumatólogo que fue quien al verme me pidió una tomografía y una resonancia magnética y con eso me derivó al que es hoy mi traumatólogo oncológico de cabecera. Después de verlo varias veces, me mandó hacer una biopsia de cadera y de allí me diagnosticaron MM con el 90% de médula afectada!!. Primero no entendía mucho que era eso y lo que mas me asustó fue cuando me nombró la palabra “quimioterapia”. A esa altura me dijo también que usara bastón o muletas para no forzar la pierna. Empecé un tratamiento de radioterapia y la verdad que la pierna me re dolía, para ir a trabajar solo me movía en taxi porque no podía ni subir ni bajar las escaleras del subte.
El 9 de diciembre del 2003 del trabajo me fui a hacer la sesión de rayos que quedaba al otro lado de la ciudad, ese día tenia un dolor insoportable y casi no podía ni caminar. Cuando termine la sesión de rayos subiendo al taxi sentí un “crack” y un dolor terrible en la ingle, no sabia que me había pasado, quería haberme bajado y pedir que me vieran ahí mismo pero no me podía ni mover. Le pedí al taxista que me lleve a mi casa y de pasada hasta le pedí que me vaya a comprar los analgésicos a la farmacia!! El hombre me acompañó hasta mi departamento arriba porque yo no podía subir sola y me dejo cerca del teléfono.
Me vinieron a hacer una radiografía a domicilio pero no salió bien así que necesitaban otra mejor, llamamos a la ambulancia y me llevaron a la Suizo donde resultó ser una fractura de cadera. La cabeza del fémur estaba metida dentro del acetábulo. Llamé a mis médicos, le comenté la situación y decidimos que vaya a internarme esa misma noche al Hospital Austral donde tenia fecha para la semana siguiente para empezar con la quimioterapia, así que se adelantaba todo una semana. Me pusieron un clavo en la rodilla y una tracción para bajarme el fémur y sacarlo de dentro del acetábulo.
Los primeros días de internación, parece que con el tema de la fractura el cuadro se agravó, porque tuve neumonía, insuficiencia renal y fiebre.
De diciembre a abril me aplicaron los 4 ciclos de quimio con esquema VAD (Vincristina, Adriamicina y dexametasona), y uno de melfalán. La primera sesión de quimio estuve nerviosa porque no sabia que iba a pasar ni como iba a reaccionar pero gracias a Dios, nunca me sentí descompuesta ni tuve vómitos, sólo se me cambió el gusto, no soportaba lo dulce, no quería comer algunas cosas y obviamente se me cayó el pelo.
Mi médico me dijo que mis hermanos se deberían hacer el análisis de histocompatibilidad para ver si alguno podía ser posible donante para mi transplante. Resultó que mi hermano no sólo era compatible sino además histoidéntico, esto era buenísimo para el éxito del transplante.
Desde el día que me fracturé estuve en cama sin poder pararme, primero me pusieron un yeso pelvis-calzón que me cubría desde la rodilla izquierda hasta abajo del pecho y obviamente con eso no podía ni moverme. A los dos meses, o sea en febrero, decidieron ponerme unos tutores, que son más cómodos y me permitían más movilidad.
Finalmente el 22 de junio me interné para comenzar con el transplante, me dieron los 5 días de quimio, descansé un día, 2 días de quimio mas fuerte y el 30 de junio del 2004 me hicieron el transplante. El procedimiento empezó al mediodía y duró más o menos una hora. Por suerte fue corto porque solo me transfundieron una sola bolsita, las células de mi hermano tenian una buena densidad me dijeron los médicos.
Hacerme el transplante con los tutores también era complicado porque al tener 9 clavos en la cadera y la pierna era una vía importante de entrada de microbios, pero pudieron taparlos bien con telas adhesivas y por suerte resultó todo sin inconvenientes.
A la semana me empecé a sentir mal, eran los síntomas de las mucositis y los efectos de la quimio fuerte que me dieron antes del transplante. Los malestares siguieron como 15 días, fue la vez que peor me sentí pero es lógico y normal por el mismo proceso del transplante. A los 20 días de haber comenzado me dieron de alta y ya estaba ansiosa por irme!!
Para solucionar el tema de la cadera, en febrero del 2005, una vez pasado los meses de recuperación del transplante, me aplicaron un producto para rellenar el hueso(Ethibloc). En abril me sacaron los tutores, primero la carcaza y después los clavos. Yo pensé que me iba a sentir mas libre pero estaba todavía dura y no podía moverme. Como faltaba cubrir un pedacito mas de hueso fue necesario hacer un injerto óseo así que en agosto me hicieron la intervención, como la pierna izquierda estaba muy débil por la osteosporosis y por los corticoides y la falta de movilidad, al darme vuelta se me fracturó la tibia. Así que tuve otro yeso un mes y medio más.
En julio o agosto aproximadamente, cuando empecé a sentarme y pararme en la cama con los pies para afuera, por suerte, no me maree pero volver a tocar el piso no fue nada fácil. Al apoyar el pie solo el derecho, me pinchaba en la planta, obviamente me sostenía entre 2 sillas, me dolía mucho, me sentía muy pesada, sentía mucho peso para que la pierna la pudiera sostener. Me dolía el talón, los dedos, todo. Fue difícil, pero ejercitando cuando menos me di cuenta ya no sentía nada.
En octubre ya me manejaba con silla de ruedas, en la cama me movía un poco mejor, ya podía ponerme de costado y boca abajo así que fue un gran alivio.
En noviembre me autorizaron a caminar con muletas, por suerte ya no me dolía tanto pararme. Me levantaba sola sin ayuda, agarraba las muletas y caminaba.
De a poco fui caminando por la habitación, después por la casa, practicar subir y bajar las escaleras de mi casa y recién después salir a dar vueltas a la manzana.
Al tiempo tuve que ir a rehabilitación que lo hice durante unos meses hasta que estuve recuperada.
Ahora tengo una vida totalmente normal. Trabajo voy al gimnasio, solamente no puedo hacer actividades de alto impacto o grandes esfuerzo físicos, pero los que no me conocen no se imaginan que estuve tanto tiempo sin caminar (aprox. 1 año y 10 meses). En la cadera me quedó una artrosis y a veces siento una molestia pero con todo lo que tuve no me puedo quejar. Por el lado del MM estoy en remisión completa y los controles siguen dando todos muy bien.

Hoy me sorprendo de todo lo que pasó pero agradezco a Dios la paciencia que me dió porque sin eso no hubiera podido sobrellevar todo. Obviamente es muy importante tambien el apoyo de los familiares, en mi caso mi mama que estuvo siempre al lado mio, mi hermano que fue el donante y el resto de familiares y amigos. Pero es como la frase esa que dice que cada uno puede llevar la cruz que le toca. Cuando a uno le toca vivir algo así lo mejor que uno puede hacer es aceptar esa situación y no tratar de resistirse, es lo que nos toca y hay que tratar de aprender lo mas que uno pueda.

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